Las terapias de tercera generación son un conjunto de terapias centradas en mejorar el bienestar mental de la persona, centrándose en el contexto y no solo en otros aspectos como la conducta o los síntomas. Aborda no solo el problema concreto, sino que de manera global trata los problemas del sujeto y su comportamiento, con el objetivo de mejorarlo. Se orienta en la búsqueda de conseguir una vida plena y con sentido, proponiendo un cambio permanente del individuo y con el que consiga superar el malestar. Conocida también como terapias contextuales, El centro de estas terapias es mejorar la calidad de vida y la felicidad del consultante, haciendo mucho énfasis es eliminar los imaginarios que sostienen que siempre se debe estar bien, como si sentirse mal fuera una enfermedad y no un proceso que es parte de la vida diaria de los seres humanos. Dos características que resalan en estas terapias son que el consultante acepte sus síntomas para poder afrontarlos y activar puntos específicos para lograr cambiar conductas y comportamientos. Terapias humanísticas: que incentivan a descubrir fortalezas y puedan alcanzar la realización personal. Terapias contextuales: dando importancia al dialogo y al contexto,que promueve la realización de tareas específicas, para generar cambios en el comportamiento y la conducta. Terapias de Aceptación y Compromiso: desarrollando ejercicios experimentales o paradojas, esta terapia se encarga de promover la aceptación de eventos o situaciones y la capacidad de alinearlos con los valores del consultante. Se apoya a que él mismo le dé sentido a su vida, mitigando su sufrimiento ante algún problema y darle el contexto que requiere. Psicoterapia Analítica Funcional: busca hallar conductas relevantes, reforzando aquellas positivas y erradicando las desadaptativas, aprovechando aprendizajes. Terapia Dialéctico Conductual: busca la regulación emocional del paciente, el consultante muestra su comportamientos y conductas, mientras que el terapeuta se encarga de señalar aquellas que pueden ser autodestructivas y posibles alternativas que ayuden en el desarrollo personal. Neurofeedback: es un tratamiento que se concentra en la actividad cerebral y en cómo mejorarla. De esta forma, la terapia puede ser muy efectiva en el tratamiento de síntomas como la ansiedad, el estrés o la depresión, así como en pacientes que padecen TDAH o TDA, aporta también en mejoramiento de la atención, concentración, aprendizajes de otros idiomas, mejoramiento de procesos cognitivos y lenguaje, entre otros. Mindfulness se basa en ejercicios de atención plena o conciencia plena, conscientes que el pasado no se puede modificar, centrándose en el presente con una mirada de ilusión al futuro. E.M.D.R.: corresponde a la terapia de desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares. Se trata de una terapia pensada en superar situaciones traumáticas, como agresiones sexuales, aunque se ha ido ampliando a terapias para paliar miedos o ansiedades. Se basa en destapar recuerdos o experiencias bloqueados y que son importantes para resolver situaciones del presente. Programación Neurolingüística (PNL) busca favorecer en los individuos el desarrollo de habilidades y aptitudes, aprendiendo a cambiar el comportamiento y controlarlo en diferentes situaciones, asegurando que las reacciones se realicen con inteligencia emocional, mejorando la forma de enfrentar la adversidad.
La Oxitocina: es una hormona producida normalmente en el cerebro, que aumenta durante la lactancia, ayuda a bajar los niveles de cortisol y estrés en el organismo. Se produce con acciones sencillas como reír, pasar tiempo con nuestros seres queridos, tener relaciones sexuales, meditar, tocar a nuestra mascota, dar abrazos, llorar o ser generoso, abrazar, conversar con amigos y actividades similares. El Cortisol: es la hormona que nos permite estar alertas y hacer frente a situaciones de riesgo o peligro, como por ejemplo salir corriendo como cuando hay un incendio o cuando hay un animal feroz frente a nosotros; sin embargo, tener niveles elevados de cortisol en el organismo es perjudicial, porque desencadena estrés constante y ansiedad. Se genera cuando durante el día damos riendas sueltas a peleas imaginarias, predecimos sucesos catastróficos que no han sucedido o damos vueltas a episodios negativos una y otra vez en el día. El cerebro es un órgano que no distingue lo real de lo imaginario y toma como verdadero cualquier pensamiento que se tiene, por eso cuando mantenemos estos pensamientos, el cerebro está en constante segregación de cortisol, afectando negativamente nuestro organismo, nuestras emociones y la forma como actuamos. Endorfinas: las llamadas hormonas de la energía, son proteínas que se producen en nuestro organismo y que actúan como neurotransmisores, estimulando el sistema nervioso central (cerebro) produciendo la sensación de bienestar. Se genera cuando se hace ejercicio, se come chocolate, se come comida picante, se medita, en el acto sexual y también en momentos de dolor. Dopamina: llamada la hormona del placer o de las adicciones, es un neurotransmisor que regula funciones como la conducta motora, la emotividad y la afectividad. Se genera con el consumo de alimentos como el chocolate, frutos rojos, aguacates, carnes, en el acto sexual, con el uso de dispositivos digitales, video juegos, redes sociales y con el consumo de sustancias alucinógenas. Serotonina: se conoce como la hormona de la felicidad, principalmente actúa sobre nuestras emociones y nuestro estado de ánimo. Durante la etapa del enamoramiento, en el acto sexual y en momentos de alegría. Tiene un papel clave en la regulación de funciones fisiológicas necesarias para la supervivencia; como el hambre, el sueño, el dolor y la respuesta sexual. También se conoce su contribución a los procesos de aprendizaje y memoria.
En un mundo que evoluciona a un ritmo vertiginoso, a menudo nos centramos en el desarrollo de las habilidades duras o "técnicas", como las matemáticas, la programación o el dominio de un idioma. Sin embargo, estamos dejando de lado la base del éxito y el bienestar: las habilidades blandas. A diferencia de lo que muchos piensan, estas destrezas no son solo innatas; son el resultado de un entrenamiento consciente y sostenido que se relaciona directamente con nuestras interacciones y nuestra participación social. Son el motor silencioso que impulsa la resiliencia, la empatía y la capacidad de adaptación en nuestros niños y niñas. Las habilidades blandas son destrezas inherentes a cada persona, se relacionan directamente con las interacciones y la participación social, se potencializan, pero también se aprenden. Con el pasar de los años, a los niños y niñas se les va entrenando en emociones, así como también en lo ético, lo moral y la espiritualidad, puesto que estas son habilidades sutiles, que se sustentan en los fundamentos del ser humano. Las habilidades blandas son destrezas que van más allá del conocimiento académico. Se relacionan con la forma en que nos comportamos, interactuamos con los demás y gestionamos nuestras propias emociones. Son, en esencia, las competencias del ser. Estas habilidades se potencializan, pero también se aprenden y se perfeccionan a lo largo de la vida. Para un niño, dominar estas destrezas es fundamental para:
El Desarrollo Progresivo: Un Entrenamiento Constante A medida que los niños y niñas crecen, se les va entrenando de manera progresiva en la gestión de sus emociones, así como en los pilares que construyen su carácter: lo ético, lo moral y la espiritualidad. Estas son habilidades sutiles que, aunque no se miden en un examen, se sustentan en los fundamentos mismos del ser humano. Este entrenamiento no sucede por casualidad. Es el resultado de:
Cuando hablamos del cerebro, casi siempre pensamos en el órgano que reside en nuestra cabeza. Sin embargo, la ciencia moderna nos invita a expandir esta definición. Sorprendentemente, podemos afirmar que los seres humanos tenemos no uno, sino tres "cerebros" interconectados que influyen en nuestra vida diaria de maneras que apenas estamos empezando a comprender. El cerebro principal: El centro de mando Nuestro sistema nervioso central (SNC) es el "cerebro" por excelencia. Con más de 100 mil millones de neuronas, este órgano extraordinario es el gran director de orquesta de nuestro cuerpo. Se encarga de funciones vitales como la respiración, el sueño, el habla, el pensamiento, la memoria y las emociones. Es el centro de mando que procesa la información del mundo exterior y coordina cada una de nuestras respuestas. El "segundo cerebro": El poder del intestino Aunque pueda sonar extraño, nuestro intestino es considerado el segundo cerebro y se le conoce como sistema nervioso entérico. Este complejo entramado neuronal alberga más de 100 millones de neuronas, una cantidad comparable a la de la médula espinal. La conexión entre el intestino y el cerebro principal es tan fuerte que se ha demostrado que las emociones, como el estrés o la ansiedad, pueden manifestarse físicamente en nuestro estómago. Frases como "sentir mariposas en el estómago" cuando estamos nerviosos o enamorados, o tener un "nudo en la garganta", no son solo metáforas; son la evidencia de la poderosa interconexión entre la mente y el sistema digestivo. El "tercer cerebro": La inteligencia del corazón Finalmente, nuestro corazón también cuenta con su propia red neuronal, un "mini cerebro" con alrededor de 40 mil neuronas conocido como Sistema Nervioso Cardíaco (SNC). Esta red no solo regula las funciones del corazón, sino que también envía señales al cerebro principal, influyendo en nuestras emociones, percepciones e incluso en nuestra toma de decisiones. Es a este tercer cerebro al que muchos atribuyen esa sensación inexplicable que llamamos intuición o "corazonadas". La ciencia cada vez más reconoce que este órgano no es solo una bomba de sangre, sino un centro de inteligencia que nos guía de maneras sutiles pero poderosas. La sinfonía de la conexión La interconexión entre estos tres cerebros (el de la cabeza, el del intestino y el del corazón) es fundamental para entender el bienestar humano. Los estudios más recientes demuestran que la comunicación entre ellos es bidireccional y constante. Esto explica por qué un cambio en nuestro estado emocional puede afectar nuestra digestión, o por qué una corazonada puede llevarnos a tomar una decisión crucial. Reconocer la existencia y la importancia de estos tres centros de inteligencia nos invita a prestar más atención a las señales que nos envían. La próxima vez que sientas una "corazonada" o "mariposas en el estómago", recuerda que no son solo sensaciones al azar; son la evidencia de la asombrosa y compleja red de comunicación que existe entre tus tres cerebros.
¿Te has preguntado por qué después de comer ciertos alimentos te sientes irritable, fatigado o con esa "niebla mental"? La respuesta está en el fascinante mundo de la psiconutrición. Lo que comes no solo influye en tu peso o salud física, sino que tiene un impacto directo y profundo en tu cerebro, tus emociones y tu estado de ánimo. La conexión entre tu mente y tu plato es innegable. La ciencia moderna demuestra que existe una comunicación bidireccional entre tu intestino, a menudo llamado el "segundo cerebro", y tu cerebro. Lo que nutre a uno, afecta directamente al otro. El Ciclo Vicioso de los Malos Hábitos Alimentarios Cuando nos alimentamos de forma deficiente, recurriendo a azúcares refinados, alimentos ultraprocesados y grasas poco saludables, no estamos llenando solo el estómago; estamos saboteando nuestra propia bioquímica. Este tipo de alimentación puede generar un círculo vicioso de malestar:
La Psiconutrición: Un Camino hacia la Claridad y el Equilibrio Romper este ciclo no se trata de una dieta restrictiva, sino de una transformación en la forma en que te relacionas con la comida. La psiconutrición te enseña a elegir alimentos que nutren tanto tu cuerpo como tu mente, proporcionándote las herramientas para: Comprender tus antojos: Aprende a distinguir el hambre física del hambre emocional. Recuperar tu energía: Al alimentar tu cerebro con los nutrientes adecuados, notarás una mejora en tu claridad mental y una energía más estable a lo largo del día. Mejorar tu estado de ánimo: Alimentos ricos en triptófano, omega-3 y vitaminas del grupo B son los ladrillos para construir una base sólida para tu bienestar emocional. En definitiva, lo que pones en tu plato es un reflejo de lo que sientes y viceversa. Al tomar decisiones alimentarias conscientes y basadas en la evidencia, puedes recuperar el control sobre tu bienestar mental, emocional y físico.
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